Mientras duermes, de Jaume Balagueró

Título original: Mientras duermes (Sleep Tight)

Año: 2011

Duración: 107 min.

País: España

Dirección: Jaume Balagueró

Guion: Alberto Marini

Música: Lucas Vidal

Fotografía: Pablo Rosso

Reparto:

Luis Tosar, Marta Etura, Alberto San Juan, Petra Martínez, Carlos Lasarte, Pep Tosar, Amparo Fernández, Oriol Genís, Iris Almeida, Tony Corvillo.

Una buena película, en términos de entretenimiento: una buena historia, ingeniosa, rebuscada, morbosa, y buenos actores, así una ambientación atractiva. Sobre todo destaca Luis Tosar, que encarna muy bien al portero y ese enmascaramiento para con los demás: por un lado, un buen portero, cumplido, atento, etc., y por otro lado, una mente arrasada por la infelicidad ontológica y el  dolor existencial que arrastra, y que diluye cualquier curación-consuelo que ofrezca la sociedad. La idea que late de fondo a la película da que pensar: un hombre incapaz de ser feliz, que proyecta una vida sin motivación, sin sentido, y cuyo único alivio consiste en hacer sentir (ese es su empeño) a la gente que todos, en el fondo, tras el velo de las esperanzas y anhelos, los proyectos y las metas ficticias, son igualmente infelices. El ser humano en un ser infeliz ontológicamente hablando. Realmente inquietante que haya sujetos que anden sueltos por el mundo y cuyo fin es hacernos sentir los seres más infelices. Provocar un hondo dolor de forma intencionada. Quizás el filósofo se dedica a lo mismo cuando busca aguijonear las sanas y buenas conciencias de sus lectores, estudiantes, etc., con el veneno de la duda, creando incertidumbre, zozobra, dolor, incomodidad. Pero la duda auténtica, no la que sólo remueve las aguas superficiales, sino la socrática, la que cuya esencia es no tener fin, porque lo disuelve todo (toda aparente convicción, todo saber, toda certeza). Una ignorancia ontológica, de la mano de una infelicidad ontológica.

En la película el portero logra su propósito con dos personas: con la señora mayor de los perritos (no te das cuenta, quieres ocultar el hecho de que estás vieja y rematadamente sola), y con la muchacha joven a la que embaraza (la carta final donde la hace sentir un dolor imposible de borrar: el de haber tenido un hijo con una persona que ha abusado de ella sin ella saberlo: La fuente de su amor es también la fuente de un inmenso dolor).

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