Miniserie – Mildred Pierce

Mildred Pierce (2011)

(Director: Todd Haynes)

Portada

Los libros, películas, series, etc., que se vuelven memorables, lo son porque nos transmiten una idea, un pensamiento con gran fuerza afectiva (una impronta emotiva) interpelándonos. Las grandes obras pueden reducirse a una gran idea; podrá tener otras ideas o temas secundarias, etc., pero en esencia una gran obra tematiza o piensa una idea. Piensen en ello.

Pues bien, cada día gana fuerza mi convicción de que para la pequeña pantalla, el formato de miniseries es el ideal para la exposición y tratamiento de un gran tema, una idea que nos conmueva y nos ligue a pensar. Pocos capítulos obliga a condensar el mensaje, a ir a la cosa misma sin rodeos, eliminando tramas secundarias, historias paralelas poco relevantes, etc. Mi experiencia me reafirma en la idea de que una serie por entregas o capítulos y varias temporadas, con una pluralidad de temáticas, tramas  simultáneas, paralelas o consecutivas, (por ejemplo, Juego de Tronos o Lost), tarde o temprano termina deshinchándose, banalizándose, desfondándose. ¿Por qué iniciar algo tan grande y complejo que termina dispersándose? Intereses comerciales generalmente son los que siempre detrás de ello. Intereses legítimos pero que no tienen nada que ver con lo que nosotros denominamos interés teórico-pensante, de modo que el asunto teórico, el planteamiento de ideas y su impacto afectivo en el espectador, es lo que permite evaluar la calidad de una serie. Por eso, el formato de Miniserie es muy atractivo, apuesta por el modelo de capítulos, pero sin caer en el exceso, y centra su atención en un tema, obligando a sacar de ello el máximo jugo. Perfecto.

Aunque en un principio Mildred Pierce, ambientada en los difíciles años treinta en Los Ángeles, parece que nos muestra sin rodeos el tema, a saber, el muy actual del empoderamiento femenino (una mujer que se separa de su marido, desamparada con dos hijas, y que descubre su fortaleza para salir adelante agarrándose a un sencillo trabajo de camarera que será ocasión para explotar su destreza haciendo pasteles), la verdad es que la visión de todos los capítulos apunta a otro centro: una interesante reflexión sobre la tarea del ser madre.

Paralelamente al rotundo éxito de Mildred como empresaria hostelera, fruto de su don para hacer exquisitos pasteles y de su visión de un modelo de restaurante especializado en pollo y waffles (preludiando quizás el éxito contundente de los modelos de fast food al estilo KFC, McDonalds o Burger King), paralelamente a eso, tenemos el fracaso rotundo como madre. Este desajuste entre éxito laboral y fracaso personal es lo que Todd Haynes tematiza.

El azar depara a Mildred la pérdida de su hija menor a causa de una enfermedad, quedándole la mayor, Veda. Nadie es culpable, la enfermedad se ha cebado con la pequeña. Pero desde el principio Veda guarda un gran resentimiento hacia su madre: ya sea porque piensa que ha dejado morir a su hermana (no estuvo en casa cuando la niña se enfermó), ya sea porque le culpa del divorcio con su padre.

Por otro lado, desde el principio Veda tiene una obsesiva aspiración por progresar, por elevar su status económico-social (por ser alguien), quizás como reacción a la difícil situación que padeció cuando sus padres se separaron, buscando vivir en una burbuja de comodidades y derroche. Quiere ser pianista y su madre la apoya sin condiciones. Veda no ayuda en el negocio familiar, es más, lo ve como una actividad vulgar, intrascendente, de la que ella misma se sirve para sustentar su modo de vida frívolo y despilfarrador. Este mantenerse a distancia del negocio familiar denota una intención clara de construirse una tipo de vida antagónico al de su madre. Centrémonos en esto último; ahí es donde se esconden las ideas sustantivas de la miniserie. 

Esa idea de lo antagónico es reveladora del carácter de Veda. Ser siempre lo contrario de lo que es su madre. Hay en Veda un deseo constante de no ser lo que es su madre, de modo que nunca tiene claro lo que quiere ser, pero sí lo que no quiere ser. Al final, ese deseo transido de resentimiento culmina en la voluntad firme de hacerla daño, de que sufra, de que no sea feliz,, y llevado a su consumación, de anularla, de acabar con ella. Le da lo mismo que el negocio vaya viento en popa, o que su madre rehaga su vida y se case de nuevo, incluso le da lo mismo que su madre compre una mansión con el único objeto de darle gusto a ella, todo es en vano, Veda no queda satisfecha con nada de eso. Lo que esconde su rostro angelical y su voz privilegiada es lo que en filosofía denominaríamos un sujeto nihilista: una estructura cuyo ser consiste en reducir a nada todo lo que está a su alcance (nihilizar).  

En efecto, Veda es feliz cuando su madre es infeliz. Mildred sólo puede ser feliz cuando su hija es feliz, mientras que Veda lo es cuando hace infeliz a su madre. El momento culminante de ello es cuando Veda se acuesta intencionadamente con el pelele de su padrastro sólo para ser vistos in fraganti por su madre, momento este que deja bien a las claras cómo es realmente Veda: una persona que encuentra placer causando dolor en su madre. Encontrar la felicidad de uno en la infelicidad de otra persona. Esta estructura es el fondo que nos quiere mostrar la miniserie, y nos invita a pensarla y quizás a no repetirla en nuestra labor como padres o madres.

Una nota sobre el reparto. Lo único que se salva es Kate Winslet, que se mueve como pez en el agua en este tipo de papeles dramáticos. Es una actriz inteligente, que ha sabido escoger bien sus papeles, y muestra una trayectoria reconocible y coherente con sus dotes como actriz. En lo personal, cada vez consigue actuaciones más logradas. Es una actriz notable, a veces incluso sobresaliente.

INFORMACIÓN:

Título original: Mildred Pierce

Año: 2011

Duración: 300 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Todd Haynes

Guion: Todd Haynes (Novela: James M. Cain)

Música: Carter Burwell

Fotografía: Edward Lachman

Reparto:

Kate Winslet, Evan Rachel Wood, Guy Pearce, Melissa Leo, Hope Davis, Brian F. O’Byrne, Mare Winningham, James Legros, Daniel London, Morgan Turner

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