Comentario a El Verdugo, de Luis García Berlanga

El verdugo no es un alegato en contra de la pena de muerte. ¿Cómo puede ser una película sobre la pena de muerte si no tematiza en ningún momento la pena de muerte? El verdugo no reivindica nada, y por tanto no busca abrir un debate sobre la pena de muerte, ni en su tiempo ni en la actualidad. Más bien, El verdugo es una radiografía de una sociedad donde la pena de muerte existe (la España franquista de inicios de los sesenta del siglo XX). Una radiografía, esto es, una mirada que pretende sacar a la luz (como la radiografía deja ver lo que con los simples ojos no podemos ver) lo que de suyo implica una sociedad como la mencionada. Nada más y nada menos. En este sentido, no es una película propositiva-beligerante, sino más bien expositiva-imparcial (por eso pasó la censura de la época). Nada de maniqueísmos facilones, nada de mostrar una sociedad dividida entre buenos y malos (realmente ningún personaje aparece como malvado, opresor, etc): Berlanga es más sutil, como decimos: mejor dejar que sea la cosa misma en cuestión la que se exponga a sí misma (muy fenomenológico). Este modo de proceder yo lo incluiría en lo propio de algo así como el estilo berlanguiano de hacer cine, que se repite en varias de sus películas. Sólo dejo apuntada la idea de que ese estilo tan peculiar de Berlanga lo encuentro también -claro está reapropiado a su modo- en un cineasta muy interesante del cine español actual como Jaime Rosales.

Berlanga tiene la inteligente idea de poner el foco de atención no tanto en la pena de muerte, sino en su ejecutor, en el verdugo. Esto ya de suyo desconcierta. ¿No sería mejor mostrar el dolor y la injusticia que implica la pena de muerte?¿Quién es esa figura social del verdugo?¿Realmente importa mostrar la vida de un verdugo?¿Puede aportar realmente algo relevante al tema en cuestión? Hay cientos de profesiones en una sociedad, en la película la de verdugo es una más, eso sí, una profesión socialmente mal vista, estigmatizada (tabú), pero legítima, necesaria y retribuida nada más y nada menos que por el Estado. Pepe Isbert representa maravillosamente esa figura del verdugo abnegado, cumplidor de una obligación que se ha convertido ya en rutina a fuer de repetirla (como cualquier otra profesión), y por ende que ha sepultado-olvidado el fin último de su actividad (quitar vidas), y que como buen funcionario sólo sabe cumplir ordenes y aplicar con eficacia la ley. Desafortunadamente le ha llegado la hora de jubilarse, y dado que su hija tiene un novio (José Luis, interpretado por Nino Manfredi) sin trabajo fijo, le propone que ocupe su plaza.

Tenemos aquí al nuevo verdugo, el pobre José Luis, personaje cuyo ser consiste en ‘resistirse a’ lo que todos los demás (esposa, suegro, director de la cárcel e incluso los carceleros mismos) le obligan a aceptar. Esta ideadel ‘resistirse a’ es fundamental en la película. Por más voluntad que pone José Luis en aceptar el trabajo de verdugo, y a pesar de todas las ventajas de un trabajo así (funcionario público, salario asegurado cada mes, trabajo indefinido, posibilidad de crédito para comprar un pisito, comodidad y tranquilidad laborales en una España muy pobre), sin embargo cada vez que recuerda (es consciente, conciencia moral) que su trabajo consiste en quitar la vida a otra persona, se resiste. Aunque no conozca al sentenciado, aunque quizás sea culpable y se merezca la muerte, el hecho fundamentales para José Luis es que le va a ejecutar. Ese hecho del quitar la vida a alguien es lo que José Luis no puede asumir, y no puede sencillamente porque moralmente no es correcto. Quitar la vida a alguien compromete al que lo hace, generándole un gran peso moral, unos remordimientos y una culpa que pueden llegar a ser insoportables. Este es el meollo del asunto para Berlanga. A pesar de que nadie quiere ser verdugo, por todo lo que hemos dicho, la pena de muerte obliga a crear una figura social que se encargue de ello. Esa es la violencia que introduce en la sociedad un Estado que permite dicha pena capital. Aunque el Estado recubra esa profesión con multitud de ventajas, la realidad última es que somete al individuo a actuar en contra de su naturaleza, es decir, de ese ‘llamado interior’ que uno siente siempre a no tener derecho a quitar la vida a otra persona.  

Aunque la película es una auténtica comedia, la realidad es que vista desde la óptica del verdugo como figura social, ciertamente la película se llena de dramatismo, y en muchas ocasiones, al tiempo que sonreímos por la comicidad de las escenas, también estamos incómodos porque estamos asistiendo al nacimiento de un nuevo verdugo. Hay, así, en la película una mezcla de lo cómico  y lo violento, que da como resultado lo macabro.

Y es que El verdugo es una película macabra, que bromea sobre un asunto de cual parece imposible bromear, que llena de humanidad y calidez una figura tan mal vista como la del verdugo. En el fondo, éste no es más que una persona común y corriente, que se gana la vida de ese modo, porque el Estado necesita alguien que cumpla esa función. Esta dicotomía entre lo social-humano y lo estatal-inhumano, es algo que aparece señalado por Berlanga de manera reiterativa. La hija del verdugo, llena de vida, humilde, gente sencilla, acostumbrada a pasar aprietos e incomodidades, es el ejemplo más palmario de lo que es el pueblo, la sociedad española de la época. Mientras que la figura del funcionario (los policías de la cárcel, el funcionario que tramita las solicitudes para la plaza de verdugo, etc) no aparece como malvada pero sí siempre como distante, fría, ejecutora de su función, hermética, sin emotividad alguna, una encarnación plena del Estado impasible y omnipotente. De hecho, la escena final de la película es sin duda el momento más violento, porque aparece justo esa dicotomía en todo su antagonismo: los policías llevando a la fuerza al joven José Luis que se niega a ejercer de verdugo. El Estado somete a la sociedad. Las conclusiones que se pueden sacar de esto para el momento histórico concreto que vivía España por aquel entonces ya las puede sacar con facilidad el espectador. Berlanga: crítico sutil y comprometido, mirada fina e inteligente de su tiempo.

Título original: El verdugo

Año: 1963

Duración: 90 min.

País: España España

Dirección: Luis García Berlanga

Guion: Rafael Azcona, Luis García Berlanga, Ennio Flaiano

Música: Miguel Asins Arbó

Fotografía: Tonino Delli Colli (B&W)

Reparto

José Isbert, Nino Manfredi, Emma Penella, José Luis López Vázquez, Ángel Álvarez, María Luisa Ponte, María Isbert, Julia Caba Alba, Guido Alberti, Erasmo Pascual, Xan das Bolas, José Orjas, José María Prada, Félix Fernández, Antonio Ferrandis, Lola Gaos, Alfredo Landa, José Sazatornil, Agustín González, Chus Lampreave, José Luis Coll, José Cordero, Pedro Beltrán, Dolores García, Emilio Laguna, Enrique Tusquets, Enrique Pelayo

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