A propósito del sofista Gorgias. Una reflexión acerca del arte de la ficción

“La tragedia floreció y gozó de fama, al ser un espectáculo maravilloso para los ojos y los oídos de los hombres de la época y al prestar a los mitos y pasiones que representaba un engaño que, como Gorgias dice, quien lograba producirlo era más justo que el que no lo lograba y el engañado más sabio que quien no lo era. En efecto, el que lograba engañar era más justo porque, habiendo prometido el engaño, conseguía producirlo. El engañado, más sabio, porque el ser que no está falto de sensibilidad se deja conquistar mejor por el placer de las palabras” [Plutarco, De la gloria de los atenienses 5, p. 348. Traducción de Antonio Melero Bellido para la editorial Gredos]. A propósito de la ficción, en una mesa redonda a la que es invitado, Javier Cercas cita este fragmento del sofista Gorgias que nos trasmitió Plutarco. Cercas usa el fragmento para caracterizar a la ficción (aplicada a la novela, el cine, etc.). Después de leer el fragmento la ficción puede ser entendida desde dos perspectivas:

  • Primera, el buen (justo, honesto) creador de ficciones (novelista, cineasta, etc.) es aquel que produce una ficción de tal modo que nos la creemos, esto es, caemos en las redes de su engaño y acabamos sin poder determinar qué es lo que dentro del relato es real (extraficcional) y qué es ficción. Aparejado a ello, consigue algo más sutil de ver: un cierto poder (dominancia, Macht en alemán) sobre el receptor, a saber, el poder de despertar en éste determinadas emociones, así como ciertas ideas, pensamientos, etc.
  • Segunda, el buen lector o espectador es aquel capaz de dejarse engañar (conquistar), esto es, capaz de abrirse y recibir la obra crédulamente, porque solo así es capaz de sentir lo leído como si fuese real. De este modo conseguimos que la obra nos hiera (nos domine), nos toque emocionalmente, y esté en condiciones de cambiar alguna de nuestras creencias sobre la vida, la muerte, etc. Esa actitud denota una cierta sabiduría por parte del lector, porque en todo momento sabe que se está dejando engañar (concede dejar suspendida la distinción entre lo real y la ficción), a diferencia del ignorante que es aquel que nunca está dispuesto a hacer esa concesión, y por tanto nunca se cree la ficción, cerrándose para él la auténtica emoción (el dejarse herir) y la posibilidad de enriquecer su pensamiento y su visión del mundo.

La ficción honesta es aquella que establece una relación de dominancia (poder) afectiva e intelectiva del escritor hacia el lector (del cineasta hacia el espectador, etc.), libremente consentida por este último. Si lo pensamos bien, ¿acaso no encontramos esa idea en la base de todos aquellos libros, películas, etc., que consideramos geniales, que nos han marcado nuestra vida?

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