Mi comentario a Qué bello es vivir de Frank Capra

Siempre que vuelvo a ver Qué bello es vivir, cada temporada invernal, llego a la misma conclusión: ¿Cómo es posible que esta película sea la que cada navidad ven miles y miles de hogares norteamericanos?¿Cómo es posible que una película que reivindica los valores más alejados del famoso “sueño americano”, sea una referencia televisiva obligada en esos hogares?¿Cómo es posible que la gran potencia mundial del capitalismo alce como tradición navideña ver la vida de un pobre muchacho de pueblo que sacrifica sus sueños por el bien de los demás? Quizás sea una más de esas flagrantes contradicciones que caracterizan a la cultura norteamericana. No sé, pero si algo está en las antípodas de Qué bello es vivir, eso es EEUU. A veces pienso que quizás la ven porque es una película con un eterno poder de conmover al espectador, y todos sabemos que la cultura de aquel país es en exceso proclive al emotivismo facilón. Una cultura que se emociona con gran facilidad, muy propensa a la lágrima fácil y a la euforia rápida, y la Navidad es justo la época por excelencia de la emoción y los buenos sentimientos. Otras veces pienso que quizás la vean porque la película tiene un happy end memorable, rotundo. En definitiva, no entiendo como la vida de George Bailey puede significar algo para un norteamericano.  

            ¿Quién es George Bailey? La película nos muestra la vida de ese habitante del pequeño pueblo de Bedford falls, desde su infancia, juventud, hasta el época adulta donde se casa, es padre de familia, y se hace cargo  del negocio de préstamos que levantó su padre. ¿Pero qué nos enseña esa vida tan normal y corriente como otra cualquiera? Tres rasgos de su carácter:

Primero, que ante todo es un muchacho bueno, que hace el bien, como cuando salva a su hermano de una muerte segura, a fuer de quedar él mismo con sordera de un oído, o cuando salva al boticario de un error imperdonable al equivocar los fármacos para un paciente. Estamos ante un hombre cuya esencia es la bondad. Si algo diríamos de George Bailey es justo es, que es un hombre bueno.

            Segundo, la película nos muestra como conoce a su futura esposa, Mary Hatch, la relación de amistad que tiene con ella desde niños, como ambos son personas ingenuas, alegres, sin maldad, que vienen de familias de vida austera  pero honradas y trabajadoras, y sobre todo, que se aman entre ellos. Esto último es importante. Cuando aparecen los dos juntos es justo para mostrarnos que entre ambos hay química, atracción, que se aman, que su relación se fundamenta en el amor. Capra lo deja siempre claro en multitud de escenas memorables como la hilarante escena del baile escolar, o el posterior paseo nocturno de la pareja por esa calle preñada de flores, con esa luna llena enorme, y esa casa abandonada que ellos la convertirán con los años en su hogar.  

            Tercero, si George simboliza algo, eso es la abnegación. Ser abnegado es aquel que es capaz de renunciar a sus propios intereses personales en favor de otra persona. George renuncia varias veces a su interés de viajar, de salir de su pueblo natal, de estudiar arquitectura, primero para hacerse cargo de la empresa de su padre que acaba de fallecer, y después para que su hermano menor pueda estudiar en la universidad. Para mí es esa capacidad de renuncia es lo más sobresaliente de George, y el meollo de su carácter. Por ejemplo: sabiendo que la empresa de empréstitos que crea su padre quebrará porque no podrá asumir los pagos que el banco le obliga a abonar de forma inmediata, sin tener ningún deber más que el moral de seguir con el legado de su padre, que era justo el de ayudar a los demás, ayudarles con microcréditos para construir una casa donde poder vivir, ante ello no se desentiende y se echa a la espalda esa responsabilidad, que no era suya, sino de su padre, pero la siente como suya propia y la carga, y la soporta, la aguanta, y logra sostener la empresa, y con ella la ilusión de muchas personas humildes. Ser capaz de olvidarte de ti mismo, y entregarte de esa manera tan plena hacia los demás, sencillamente es conmovedor y de una altura moral difícil de superar. Eso es George y a lo largo de la película vuelve a sacrificarse por los demás de múltiples maneras. Qué bello es vivir o el valor de vivir con abnegación. ¡Qué difícil es hacer lo que hace George!       

            La grandeza moral de George, ese espíritu de sacrifico que le caracteriza, hace de la película de Capra un lugar, al que podemos regresar una y otra vez, donde acontece algo así como una vida ejemplar. George está ahí, mostrando que se puede vivir de otro modo, que hay otro modo de relacionarse con los demás y de ser feliz. Esto es importante, porque al final de la película, cuando George se siente solo, abandonado, en un callejón sin salida por la deuda que su empresa no puede pagar al banco, y todo su mundo, su familia, su empresa se desmoronan, hasta el punto que piensa en quitarse la vida, justo en ese preciso momento de desesperación absoluta, logra ver cómo hubiera sido el mundo si él no hubiera nacido: un mundo sin amor, sin bondad, sin perdón, en definitiva, un mundo vil, inhóspito, cruel, inhumano. Esta experiencia le muestra a las claras que con él todo es un poco mejor. Este darse cuenta de los efectos que uno ha provocado en la vida de los demás, de que has contribuido en algo a que la vida de los demás sea un poco mejor, es lo que da sentido a su vida y al sacrificio que la ha caracterizado.

            Y no olvidemos el punto culminante de la película, cuando George se siente solo y desesperado y sin salida, es entonces cuando los otros se sacrifican por él, entregándole todo el dinero que tienen para que pueda pagar la deuda. Esa reciprocidad, ese cerrar el círculo, esa realización del lema “así como des, así recibirás”, es la que nos toca en lo más sensible (en la bondad inherente que todo ser humano posee), emocionándonos y dejando claro ese otro mundo posible, haciéndonos sentir la grandeza que encierra ese acto desinteresado, ese ayudar sin esperar nada a cambio, y los efectos que provoca. Es la felicidad de las personas de bien, de esas que moran anónimamente por miles en las ciudades de nuestro planeta, que viven y practican cada día esa filosofía de vida de George Bailey, silenciosamente. Es esa felicidad la que hace de nuestro mundo un mundo mejor. Y cada año, en la temporada invernal, es necesario revivir la convicción y emocionarse con ese otro mundo posible que Capra genialmente nos ha legado. Qué bello es vivir: pocas películas tienen el poder de provocar en el espectador la necesidad de querer ser mejores personas. Larga vida a George Bailey.

Título original: It’s a Wonderful Life

Año: 1946

Duración: 130 min.

País: Estados Unidos E

Dirección: Frank Capra

Guion: Frances Goodrich, Albert Hackett, Frank Capra

Música: Dimitri Tiomkin

Fotografía: Joseph Walker, Joseph F. Biroc (B&W)

Reparto: James Stewart, Donna Reed, Lionel Barrymore, Thomas Mitchell, Henry Travers, Beulah Bondi, Frank Faylen, Ward Bond, Gloria Grahame, H.B. Warner, Frank Albertson, Todd Karns, Samuel S. Hinds, Mary Treen, Virginia Patton, Charles Williams, Argentina Brunetti, Karolyn Grimes

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