Anna Karenina o los usos del amor

En esta ocasión voy a ponerme en plan analítico. Después de leer la novela, pienso que el mejor modo de abordarla es dividiendo mi interpretación en dos secciones:

Primera, como un gran retrato de época. Grandes temas como la cuestión eslava y la agraria, el futuro del campo ruso, la relación entre el desarrollo urbano y la vida rural, los usos y costumbres de las clases acomodadas, la vida social en Moscú, sus prejuicios y vicios, etc. En este sentido Anna Karenina es una novela perfectamente arraigada en un tiempo y espacios muy concretos, la Rusia de la segunda mitad del siglo XIX, haciendo de ella un gran fresco del mundo que le tocó vivir a Tolstoi. Deliciosas escenas de la vida íntima y familiar, así como descripción de eventos sociales como la ópera, las carreras de caballos, la siega del cereal, la ceremonia de casamiento, etc. Como decimos, después de su lectura la novela nos deja una gran cantidad de escenas grabadas en la memoria y desde esta perspectiva Tolstoi se afanó, como también a su modo hizo en Guerra y Paz, en dar testimonio de su época. Tuvo la firme convicción de que no cayera en el olvido su tiempo, su mundo, y las vivencias que formaron parte de su propia vida. Quien haya leído alguna biografía de Tolstoi podrá entender mejor a lo que me refiero. Sobre todo las múltiples escenas campestres son descritas con tal riqueza de matices que se deja ver con claridad el amor de Tolstoi por la vida rural, que él mismo cultivó, y se propuso dejar inmortalizadas en su libro.

            Segunda, Anna Karenina es un gran fresco sobre las relaciones afectivas, ante todo las relaciones de pareja y matrimoniales. La novela pivota entorno a tres parejas: la de Stepan y Dolly, la de Anna y Aleksei, que luego pasará a ser la de Anna y Vronski, y, finalmente, la de Levin y Kitty. Relatando esas relaciones Tolstoi nos muestra los distintos modos como las personas entienden sus relaciones amorosas. Preguntas tales como las siguientes: ¿Qué significa compartir la vida con otra persona?¿Se debe compartirlo todo, o no?¿Qué se comparte y qué no?¿El matrimonio es un fin en sí mismo o tan solo un medio para perpetuar la especie?¿Se puede ser feliz en el matrimonio, o éste es tarde o temprano un dispositivo de infelicidad, un modo social de acotar la libertad de los individuos?

            A medida que aparecen y progresan los distintos modos de relacionarse afectivamente, se teje una red de significaciones acerca de lo que se entiende por amor. Sí, estoy convencido de que la novela de Tolstoi es un estudio sobre el amor, sobre esa fuerza inmortal que ha unido, une y seguirá uniendo a las personas, y que cada una la gestiona como puede. A este respecto, y a diferencia de la primera perspectiva de la que hablaba, y que busca con intención el arraigo en su época, esta segunda perspectiva busca lo contrario, lo universal, lo que toca a todo ser humano, el amor. La confluencia de lo concreto y lo universal. Estos dos enfoques pienso que son los que deben atenderse cuando se lea la novela. Me centraré ahora en el tratamiento del amor.

            Tras mucho darle vueltas pienso que cada uno de las tres parejas protagonistas de la novela corresponde a un momento distinto de la vida amorosa del matrimonio:

Primero, la relación de Levin y Kitty sería el periodo del noviazgo y los primeros años del matrimonio. En esta relación Tolstoi se vuelca especialmente, trabajando en ella el cambio que se opera poco a poco en las personas desde una vida en soltería hasta el enamoramiento, el nacimiento del deseo de compartir la vida con otra persona, el acto de casarse con ella, así como el nacimiento del primer hijo. Quizás sean Kitty y Levin los dos personajes de la novela que más cambian su visión del mundo. Desde una situación primera típica de soltería, llena de caprichos, vanidades y  egoísmos, hasta la progresiva apertura, cuidado y entrega hacia el otro, todo ello dinamizado por la experiencia del dolor y el sufrimiento, la fuerza de la negatividad que diría Hegel. La vida les golpea (la muerte de un familiar, la compasión por personas desahuciadas, la soledad, etc), padecen y ven como para ambos la vida es más plena cuando se comparte sinceramente con otra persona a la que amar. En el caso de estos dos personajes estaríamos ante un claro ejemplo de novela de formación (Bildungsroman). En definitiva, el matrimonio de Kitty y Levin es entrañable, atravesado de buenas intenciones y sinceridad. Ellos representan la entrega hacia el otro, la firme voluntad de que vivir es vivir-con y desde el otro, y realizado con la venida del fruto de su amor, un hijo. Sobre todo en el caso de Levin, personaje muy tolstiano, caracterizado por momentos de angustia existencial y vida solitaria, alguien además con un gran amor por la tierra, desprejuiciado, capaz de segar el mismo sus propios campos, hombro con hombro con los mujiks, y que siente la grandeza y dignidad de las vidas sencillas de las gentes del campo, verdadero alter ego del propio Tolstoi.

Segundo, la relación de Stepan y Dolly sería el típico matrimonio ya consolidado y con hijos, pero en situación de crisis. En esta relación Tolstoi aborda la cuestión de la infidelidad, y los tópicos del matrimonio convencional. Justo con la infidelidad inicia la novela, con esa frase soberbia: “Todas las familias felices se parecen; las desdichadas lo son cada una a su modo”. El momento que atraviesa la pareja es ciertamente delicado: está fracturado, debido a los escarceos amorosos de Stepan, militar típico de la época con costumbres también típicas de la época. La experiencia de la pérdida de la confianza es algo que marca y deja huella en Dolly, quien a pesar de ser una mujer también de costumbres y actitud frente al marido típicas de la época, sufre la situación. Pero Dolly representa a la mujer que asume la infidelidad de su esposo, se sacrifica por sus hijos, y decide no romper el vínculo. Podemos decir que incluso cede a la convención social que estigmatiza a la mujer divorciada. No quiere verse señalada por la sociedad. Su actitud pragmática, cobarde, ‘mirando’ siempre a otro lado con tal de no ver la realidad de un esposo infiel. Es el matrimonio en crisis pero que logra permanecer a flote. Stepan endereza el rumbo cuando siente que su matrimonio peligra, dándole gusto a su mujer, portándose como un marido ejemplar hasta que todo vuelve a calmarse, y así volver a las andadas. Dolly, sin embargo, lleva el sufrimiento en silencio, abnegada, sabe que su carga es su marido, carga que no puede quitarse pero que lleva con gran dignidad, y Tolstoi dignifica su figura, mostrando paralelamente la actitud siempre cínica y egoísta de Stepan, que sólo busca satisfacer sus vicios: las mujeres jóvenes, las apuestas del juego y el despilfarro de sus bienes.

Tercero, la relación de Anna y Aleksei es también la de un típico matrimonio como el anterior, con la diferencia de que mientras en aquél hay todavía un tenue vínculo amoroso que es el que mantiene la relación matrimonial, en este no hay tal vínculo, decididamente Anna nunca ha amado ni ama a Aleksei, es más, siente aversión por él, y se arrepiente de haberse casado. Así, frente al matrimonio en crisis, tenemos aquí el matrimonio roto. Faltas de respeto, ataques y menosprecios mutuos, el uso del hijo para dañar al otro, el orgullo de saberse herido y golpear más fuerte para herir más hondo, en fin, el matrimonio de los karenin ha entrado en una espiral que lo ha aniquilado, sin salvación posible.

            A diferencia de Dolly, Anna vive algo que conmueve por completo todo su mundo: se ha enamorado de Vronski, joven encantador. Está casada y se ha enamorado de otro hombre. Anna encarna el amor absoluto, arrebatador, incondicional, capaz de dejarlo todo tras de sí para vivir en la plenitud que exige su amor. Y la experiencia del amor desdobla en dos la realidad de Anna: por un lado, la realidad de amar a la que se entrega por completo, una realidad como decimos intensa, arrebatadora y que da valor y sentido al acto de existir, haciéndolo auténtico. Por otro lado, la ‘otra’ realidad, la que habitaba antes de amar, la cotidiana y convencional y que se torna decepcionante e insoportable, la inauténtica.

            Anna no duda: decide dejarse llevar por el amor y abandona todo: su matrimonio, su vida cómoda y resuelta, e incluso su hijo. Nos admira su determinación, de nada se arrepiente porque sabe que lo que le mueve es el amor, pero a pesar de su claridad y firmeza, dos espinas se clavan en su corazón enamorado y lo van gangrenando: por un lado, la pérdida de la custodia su hijo, que queda en manos de su exmarido, quien borra de la memoria del pequeño todo recuerdo de la madre; por otro lado, el no obtener el divorcio formal, paso previo necesario para culminar su amor con Vronski en un nuevo casamiento. En ambos casos, Anna se topa de bruces con la sanción social, para quien queda estigmatizada: la encasilla como una mujer licenciosa, pecaminosa y una perdida porque ha dejado incluso a su hijo por otro hombre que no es su marido. La sociedad es depositaria de la moral: ella valora moralmente las conductas, las sanciona y las castiga. Anna en este sentido es una víctima de la sociedad de su época, para quien guardar las formas es esencial. Los matrimonios en sí mismos podrán ser infelices o estar rotos por completo, pero de cara a la sociedad deben siempre guardar las apariencias. El divorcio no sólo es un fracaso, es incluso una afrenta que marca por completo. La sociedad como sujeto sancionador en Tolstoi está muy presente, mostrando el poder que tiene para acabar con la reputación de toda aquella persona que no se ajusta a sus reglas. A pesar de todo ello el amor que siente Anna es de tal naturaleza que le es imposible permanecer en los límites marcados por esas reglas formales, es un amor cuyo ser busca romper esas reglas, porque sólo fuera de ellas encuentra plenitud.

            Anna sabe siempre que ese amor que siente acabará en tragedia, ese es su destino. Si bien el amor logra salvar el obstáculo de la sanción moral, consumándose, Anna sabe que hay un obstáculo mayor, a saber, el de ser un amor correspondido. Anna sabe que la fuerza de su amor exige también todo de la persona amada, la misma entrega y determinación que ha tenido ella. Y aunque ella se entrega incondicionalmente, no siente que Vronski haga lo mismo. En un primer momento se siente correspondida, pero el tiempo le muestra lo contrario. Ella lo intuye, se lo hace saber a Vronski cuando su relación también comienza a calmarse, porque el amor que se plenifica termina pereciendo, como la plenitud de una flor es el inicio de su marchitarse. Las dos espinas clavadas en el corazón de Anna, que lo desangran poco a poco, más sus celos crecientes al darse cuenta que Vronski comienza a ausentarse cada vez con más frecuencia, en definitiva, la temporalidad en que consiste la vida misma que engulle todo, que todo lo normaliza, y lo hace cotidiano, en fin, el amor tan intenso que une irremediablemente a Vronski y Anna, una vez culminado termina haciéndose convencional. Anna Karenina narra la tragedia en que consiste el amor: por un lado, porque no puede permanecer en un mundo que no lo permite, sino que lo termina aniquilando. Por otro lado, porque la propia naturaleza del amor, ese carácter irrefrenable y esa plenitud que siempre demanda, aboca a la persona que lo siente a perderse en ello, aniquilándola, arrojándola a las rocas del acantilado o a las vías del tren que se acerca. El amor es inhóspito (no es habitable de suyo). Anna nos ha legado su historia, la historia de una vida que acaba hecha jirones, destrozada. A pesar de todo, la vida avanza, y mientras Anna se suicida y Vronski, perdido ya para la vida, se entrega voluntariamente a la causa eslava, yendo a la guerra (que es otro modo de suicidarse, de querer la muerte), Levin y Kitty ya son padres primerizos, y Stepan y Dolly siguen adelante a su modo, pero siguen. En fin, que la vida continua, que el drama de la existencia humana sigue escribiéndose cada día, y que tarde o temprano toda vida acabará en el más indiferente y cruel olvido, como la pasión y muerte de Anna Karenina. Cada mañana, salimos de casa, respiramos el aire mañanero, y mientras miramos el cielo azul o lleno de nubes blancas, y llenamos de propósitos y acciones el tiempo que nos toca vivir, paralelamente alguien acaba de morir, sin hacer ruido, aplicándose de nuevo la implacable la ley del silencio y el olvido eterno.

Anna Karenina, de Leon Tolstoi

(Traducción de Víctor Gallego Ballestero, ed. Alba minus)

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