La caída de la casa Usher, de E.A.Poe. Fragmento y reflexión.

La Caída de la casa Usher, de Edgar Allan Poe

“[…] Cuando de nuevo alcé los ojos hacia la casa desde su imagen en el estanque, surgió en mi mente una extraña fantasía, fantasía tan ridícula, en verdad, que sólo la menciono para mostrar la vívida fuerza de las sensaciones que me oprimían. Mi imaginación estaba excitada al punto de convencerme de que se cernía sobre la casa y el dominio una atmósfera propia de ambos y de su inmediata vecindad, una atmósfera sin afinidad con el aire del cielo, exhalada por los árboles marchitos, por los muros grises, por el estanque silencioso, un vapor pestilente y místico, opaco, pesado, apenas perceptible, de color plomizo” (Traducción de Julio Cortázar).

La prosa de Poe posee un fuerte componente descriptivo y anhelo de precisión extrema, reconcentrado, cuajado de adjetivos, usados con una gran concisión y pertenecientes no sólo al campo visual, sino también al sonoro, al auditivo e incluso al táctil (léase con atención el párrafo transito). En el caso del cuento sobre la caída de la casa Usher, si bien, por un lado, se narra la triste historia de Roderick, y el destino fatal de él y su hermana melliza Madeline, por otro lado, estamos ante un trabajo de poner en palabras lo que yo llamaría la fascinación por la peculiar naturaleza de su mansión. Sí, desde una lectura más atenta y analítica, cabe pensar si acaso el centro del relato no son los personajes principales, sino la mansión, que siempre está presente aunque en un segundo plano (siendo sin aparecer): su sólida edificación, el aura que emana de ella, la simbiosis perfecta con el lugar en el que radica, la atmósfera que la rodea, el estanque que refleja sus formas, sus grabados, sus estancias: “Sentí que respiraba una atmósfera de dolor. Un aire de dura, profunda e irremediable melancolía lo envolvía y penetraba todo” (p. 247). Este hecho es lo memorable del relato, lo que queda impreso en el recuerdo del lector.

Y lo más desconcertante: “el perfecto acuerdo del carácter de la propiedad con el que distinguía a sus habitantes” (p.245). La dominancia de la mansión sobre la estirpe de los Usher, desvelándose como su destino fatal, en tanto que ha ido contaminando poco a poco el carácter de sus miembros hasta consumir en los últimos la poca vitalidad que pudieran tener: ya sin descendencia posible, en Madeline “una apatía permanente, un agotamiento gradual de su persona y frecuentes accesos de carácter parcialmente cataléptico” (p.250); en Roderick una grave hipocondría combinada con una melancolía enfermiza.

Esto es lo impactante: que en el mundo no sólo hay seres vivos, sino que también hay otros objetos, en apariencia sin vida, pero que de un modo misterioso e invisible tejen poco a poco en las vidas de quienes los rodean, los usan y los habitan, una cierta trayectoria inevitablemente trágica. Esta vivencia de la insuficiencia de la voluntad, del dejar de ser el centro de todo, y de la pérdida del poder por parte del ser humano es el origen del miedo y el horror. Saberse dominado, no tener el control, estar expuesto sin posibilidad de protección, no saber lo que se viene. En el caso del relato de la casa Usher es incluso escalofriante porque los seres vivos que la habitan no son capaces de darse cuenta de que han caído en su red; muestran una ingenuidad e inocencia conmovedora; nos juguetes de un destino que los engulle sin remedio.

En definitiva, el esfuerzo de Poe por transmitir la esencia de la mansión, por grabarla en la memoria del lector, volcándose en un trabajo yo diría que milimétrico con el lenguaje para que comunique toda la fuerza de las sensaciones que emanan de ella, y por tanto para lograr “tocar” la sensibilidad del lector, es ciertamente notable. Ello logrado, como dijimos al inicio, ampliando el espectro descriptivo, que no se ciñe sólo al ámbito visual, sino sobre todo al sonoro, olfativo y táctil. Todos los sentidos se sienten llamados a través de la lectura, y por ello mismo el tono del relato no decae, sino que se va intensificando, logrando que broten emociones inquietantes que nos desconciertan, que tensionan todas nuestras facultades (los sentidos, la imaginación, el pensamiento, las emociones). Ese es el poder del estilo de Poe, que nos hiere por varios lados, y nos desconcierta al tiempo que nos atrae, presos de su peculiar narrativa.

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